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Discurso de una prostituta resiliente

¿Tú me llamas puta pensando que me estás hiriendo?, ¿dices que soy un desperdicio de la sociedad?; pues no me hiere cuando me dices puta, porque sí, es cierto, soy una puta, cuando las cosas se aceptan no duelen. Y si soy un desperdicio de la sociedad, es únicamente porque veo como el rico pisa al pobre y no hago nada, sólo tengo sexo a cambio de unos cuantos centavos; si soy un desperdicio de la sociedad, es únicamente porque veo a niños rebuscar comida entre la basura mientras voy en la carretera, y no hago nada, sólo tengo sexo a cambio de no morir de hambre, sólo me paso los días drogándome, respirando el aire de la noche, acariciando las penas de los hombres, arreglando en algunos hombres lo que sus esposas le dañaron. ¡Carajo!, ¿cómo es posible que una simple puta sea el terapeuta de tu esposo?, ¿qué tienes en ese cuerpo o en esa cabezota que daña, mastica, patea, escupe, destruye y ciega al hombre más prócer?

     Me llamas puta tratando de herirme, me señalas con tu dedo índice y arrugas tus cejas con ira mientras le gritas a los demás: ¡Ahí va esa puta!, ¡viviendo la vida fácil! No es que sea fácil o difícil ser prostituta, recuerda esa frase de Confucio, damisela: “elige un trabajo que te guste, y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida”. Siento que no trabajo porque en lo que trabajo me gusta, pero tampoco porque me guste quiera decir que lo siento fácil, no le llamas fácil a acostarte con tu quinto cliente con tu vagina tan seca como un desierto y con un cliente feo y patán como un animal.

     Entré a este trabajo más por placer que por necesidad (aunque la necesidad era grande), mi cuerpo lo pidió y yo se lo di, y como todo trabajo, éste también requiere de disciplina, y sobre todo, de mucha, mucha estabilidad mental, porque, ¿dime que sería de una mujer como tú, con un hombre con cara de caballo y aliento de perro encima?, ¿te molestó la pregunta?, ¡oh!, qué pena, te dije que tienes una mente demasiado débil, aunque, no lo tomes a mal, pero, te dije tanta verdad como la que te dice tu espejo. Tú no aguantarías cinco días de hambre con dos niños desnutridos como hijos y una madre ciega sufriendo de Parkinson, dije que no los aguantarías refiriéndome a que te suicidarías al sexto día por no haber encontrado una solución que no tachara tú moral, porque otras más fuertes al sexto día se prostituirían, aunque tengan que vivir con el aliento de todos los hombres con los que se acuestan en sus recuerdos, en sus noches, en sus soledades…. ¿“Moral”? Ja, ja, ja, ese invento pendejo que crearon los del sexo masculino para sufrir con más fervor, y también, para que las del sexo femenino carguemos con todas las reglas en los hombros mientras ellos las ignoran.

     Tú también puedes ser una prostituta, si no lo eres es porque la sociedad no te ha ahorcado, el gobierno no te ha abandonado y tu familia no ha estado a punto de morir de hambre. Tú eres de esas personas que nacieron en una cuna protectora, no en esa cuna morbosa donde le tocó nacer a muchas mujeres, en esa cuna que espera a que tengas un poco de razón para decirte que: si no trabajas no comes, si no abres las piernas no comes, si no le acaricias la barriga al viejo de ochenta años mientras le besas sus labios morados y arrugados, ¡no comes!

     Busca a quien señalar con ese dedo índice ignorante, busca tu espejo y mira el desperdicio que eres, tan preocupada por los detalles, los errores y los pesares de todos, que se te olvidó vivir, se te olvidó que la juventud se acaba, que la vejez es una cuna llena de agujas con recuerdos y que mientras le tiras piedras al mar gritando ¡POR UNA SOCIEDAD LIBRE DE PUTAS!, bestias se esconden detrás de ti, riéndose y burlándose por tu asquerosa puntería; algunas de esas bestias tienen como nombre: gobierno, prensa, machismo, feminismo, egoísmo, ignorancia… Miseria. Miseria, miseria, miseria, ¿quién no se olvida de la moral cuando se lo traga la miseria? ¿Serías prostituta si alguna vez tus seres queridos llegasen a necesitar de ti por culpa de quedar en la miseria?, no, la pregunta sería: ¿hasta qué punto llegarías por los que amas?

     ¿Es sacrificarse ser un desperdicio de la sociedad?, ¿entonces fue Jesús un desperdicio también por sacrificarse por un montón de pecadores y entre esos: prostitutas? Desperdicio tú que lo único que sabes de sobrevivir es comer tres comidas al día y haber tenido padres cuerdos y responsables.


AUTOR: Iván Andrés Tovar
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