
Allá afuera, en la calle, nadie quería hablar; tuve que dispararle a mi hijo ocho veces para que todos salieran de la hipnosis y volvieran a sus vidas normales. No sé con exactitud por qué mi hijo quería destruir la humanidad.
Yo sólo quería crear algo que nos ayudara a no extinguirnos; no un humano-monstruo de dos cabezas, con poderes, con los ojos en el pecho y con comportamientos de psicópata.
Acepto que, no me considero un fracaso como científico, porque hice hasta lo imposible para utilizar bien la fórmula que alcanza lo más codiciado de todos los mundos: la inmortalidad.
Ya estaba en mi tercera fase del experimento; ya había hecho que dos ratas cobraran vida formando un solo cuerpo ―como hermanas siameses―, cuando decidí entrar a una morgue y robar dos cadáveres. Estaba muy ilusionado. Creí que estaba por patearle el culo a la naturaleza.
Pero el resultado fue pavoroso, lo que se devuelve de la muerte viene hecho un energúmeno, un ser obsesionado con la idea de acabar con la raza humana.
¡La ciencia tampoco pudo hermanos!, la muerte nos tiene acorralados por todas partes. ¡Cuiden la Tierra!
Soy Bamiel Kaddour, esclavo del Planeta Vixtamyn del año 2335

AUTOR: Iván Andrés Tovar
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